La filosofía de la acción

Para Hegel, la filosofía llega siempre tarde. En su famosa frase del Prefacio a los Lineamientos Fundamentales de la Filosofía del Derecho sostiene: “Por lo demás, para decir aún una palabra sobre su pretensión de enseñar cómo debe ser el mundo, la filosofía llega siempre demasiado tarde.

Como pensamiento del mundo, sólo aparece en el tiempo después de que la realidad ha cumplido su proceso de formación y se ha terminado (...). Cuando la filosofía pinta su gris sobre gris entonces ha envejecido una figura de la vida, y con gris sobre gris no se deja rejuvenecer sino sólo conocer: el búho de minerva sólo levanta su vuelo al romper el crepúsculo, o sea, al anochecer”[1].

A pesar de la gran influencia del hegelianismo sobre Benedetto Croce, el filósofo napolitano ya en 1930 se diferenciaba de los filósofos tradicionales proponiendo la disolución del concepto de la filosofía como sistema cerrado, pedantesco y abstruso. Afirmaba que, “la filosofía debe resolver los problemas que el proceso histórico, en su desenvolvimiento, presenta cada vez (…). Por lo tanto, el pensamiento filosófico no es concebido como un desenvolvimiento -de un pensamiento a otro- sino como un pensamiento de la realidad histórica”[2].

Adolfo Sánchez Vázquez, en su Filosofía de la praxis, sostiene que la historia de la teoría “(del saber humano en su conjunto) y de la praxis (de las actividades prácticas del hombre) son abstracciones de una sola y verdadera historia: la historia humana”[3].

Sin embargo, la determinación de la práctica o de la realidad sobre la teoría, o la práctica como fin de la teoría, no implica su permanente posteridad, ya que hay una anticipación ideal de lo que no existe aún pero queremos que exista. La práctica determina a la teoría en tanto fin y es por esta razón que debe haber conciencia de la necesidad.

De esa manera, la práctica determina a la teoría porque plantea los problemas y le exige soluciones y, por otra parte, porque le impone a la teoría el fin deseado.

Al explicar la utilización del término griego praxis que significa “acción de llevar algo a cabo”, Sánchez Vázquez sostiene que se refiere a una acción que tiene su fin en sí misma. Mientras, que la acción que engendra un objeto exterior al sujeto y a sus actos se le denomina en griego póiesis, en tanto producción o fabricación. Por las connotaciones de “práctica” como algo utilitario y de “poesía” en el lenguaje ordinario que no denota la práctica como acción, se eligió la palabra praxis para designar la actividad práctica.

Sin embargo, la “Filosofía de la praxis” en la actualidad se entiende generalmente como aquella surgida de lo que se denomina el “hegelianismo de izquierda”, fundamentalmente surgida a partir de las “Tesis sobre Feuerbach”, en La ideología alemana,[4] donde se rechaza la posibilidad de conocer al margen de la actividad práctica del hombre y lo demás sería pensamiento especulativo.

La filosofía de la praxis plantea que se conoce gracias a la actividad práctica humana, entre el hombre y la naturaleza o el hombre y el mundo. La práctica brinda tanto el objeto de conocimiento como el criterio de verdad. Sin embargo, el concepto fundamental en contra del pensamiento especulativo se encuentra en la “Tesis XI sobre Feuerbach” que dice: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos, de lo que se trata es de transformarlo”[5].

En 1948 se edita El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce en el cual Antonio Gramsci polemizaba con Benedetto Croce por sus críticas a la filosofía de la praxis y por su carácter especulativo. Gramsci sostenía que había que arreglar cuentas con la “filosofía de Croce”[6].

Sin embargo, para ambos autores, todo hombre es un filósofo y el pensamiento filosófico no se concibe como el desenvolvimiento de un pensamiento a otro, sino como pensamiento de la realidad histórica.

Más allá de su crítica, Gramsci valora que Croce, habiendo hecho el camino inverso a la filosofía de la praxis, retradujo “al lenguaje especulativo las adquisiciones de la filosofía de la praxis”[7]. Sin embargo, considera que hay huellas aún en Croce de trascendencia y teología, a pesar de que éste haya negado que el pensamiento produzca abstractamente otro pensamiento, y afirmado  que “los problemas que el filósofo debe resolver no son una filiación abstracta del pensamiento filosófico precedente, sino que son propuestos por el desarrollo histórico actual, etc.”[8].

Para Gramsci entonces, la filosofía de Croce es “considerabilísima” por su retraducción al lenguaje especulativo del historicismo realista de la filosofía de la praxis y por lo tanto, podría ser una premisa para renovar la filosofía de la praxis que surgió como traducción del hegelianismo al lenguaje historicista.

Concluye que el valor instrumental de la filosofía de Benedetto Croce es haber llamado la atención sobre “la importancia de los hechos de la cultura y del pensamiento en el desarrollo de la historia, sobre la función de los grandes intelectuales en la vida orgánica de la sociedad civil y el Estado, sobre el momento de la hegemonía y del consentimiento como forma necesaria del bloque histórico concreto”[9].

Croce, en realidad iba más allá y sostenía en “Cultura e vita morale” que siempre “merced a la historia, la filosofía se aúna con la práctica, o sea con los problemas que la vida presenta y que debemos resolver con nuestra acción” (...) Cada individuo y cada pueblo debe recorrer su propio camino, movido por las condiciones de hecho en las cuales se encuentra y que son el resultado de la historia”[10].

Entre las condiciones que sostiene Croce para que exista en Italia un despertar filosófico es que la filosofía esté a la altura de los tiempos, o sea “muestre la capacidad de dominar y resolver todos los problemas que hasta ahora se ha propuesto el espíritu humano y de dominarlos y resolverlos mejor que cualquier otro sistema del pasado”[11].

Sintetizando el pensamiento gramsciano, la filosofía de la praxis implica la igualdad o ecuación entre “filosofía y política”, entre pensamiento y acción. “Todo es político, incluso la filosofía o las filosofías, y la única filosofía es la historia en acción, es decir la vida misma”[12].

El análisis que hizo Gramsci sobre el pensamiento de Benedetto Croce y su relación con el materialismo histórico también se realizaba en América Latina durante la primera mitad del siglo XX.

En esa época, en América latina se planteó la vinculación de la filosofía a la historia, se postuló a la filosofía no como corolario, sino como preámbulo de la acción. La filosofía se propuso no como un sistema “abstracto, cerrado y abstruso”, sino como instrumento de transformación de la sociedad y definición de su morfología. Podemos citar a los mexicanos Antonio Caso, José Vasconcelos, Justo Sierra, al peruano José Carlos Mariátegui, Augusto Salazar Bondy, al uruguayo José Enrique Rodó, entre tantos pensadores latinoamericanos que buscaron encontrar caminos originales para nuestras naciones.

Por ello creemos como Gramsci, que la “filosofía de una época no es la filosofía de tal o cual filósofo, de tal o cual grupo de intelectuales, de tal o cual sector de las masas populares; es combinación de todos estos elementos, que culmina en una determinada dirección y en la cual esa culminación se torna norma de acción colectiva, esto es, deviene “historia” concreta y completa  (integral)”[13].

Para Perón, en su filosofía, los elementos de la conducción general del país se ordenan de la siguiente manera: “Gobierno centralizado, Estado descentralizado, Pueblo libre, y todos juntos, Gobierno, Estado y Pueblo, integran la comunidad organizada”[14].

Sostiene que la Doctrina Justicialista  se funda en “la filosofía propia de la acción del Gobierno, que no es de abstención total como en el individualismo, ni de intervención total como en el colectivismo, sino de conducción de las actividades sociales, económicas y políticas del Pueblo”[15].

Para Perón, lo que diferencia a las posiciones del colectivismo y del individualismo es que cada una posee una filosofía de la acción distinta a la otra, ya que es la filosofía de la acción la que le da “carácter democrático a una monarquía o carácter totalitario a una república”[16].

Explica que  la filosofía de la acción del individualismo es netamente liberal  y por lo tanto la acción de Gobierno debe prescindir de intervenir  en las actividades sociales, económicas o políticas del Pueblo, trayendo como consecuencia la anarquía política, el capitalismo en lo económico nacional e internacional y la explotación del hombre por el hombre en lo social.

Por otra parte, el colectivismo cuya filosofía de la acción es antiliberal, entiende que el Gobierno debe asumir la dirección de todas las actividades políticas, económicas y sociales. Esa filosofía trajo como consecuencia la dictadura política, el intervencionismo económico y la explotación del hombre por el Estado en lo social.

El justicialismo como filosofía de la acción implica en “lo político, un régimen de libertad en función social; en lo económico, como economía social, y en lo social como dignificación del hombre y del Pueblo”[17].

El Gobierno para Perón es “gobierno de conducción”. Y la conducción es un  difícil arte que implica toda una filosofía de la acción, ya que como todo arte es universal e indivisible y todo de ejecución. Se puede perfeccionar, conocer su doctrina, su teoría y su técnica, pero lo demás es pura acción.

Toda conducción exige que mediante la unidad de concepción (surgida de una doctrina, una teoría y las correspondientes formas de ejecución) se logre la unidad de acción a través de la persuasión, el auspicio y el fomento del Pueblo y no a través de la coerción.

Para él, puede haber Doctrina y teoría sin plan o formas de ejecución, pero no puede existir un plan sin doctrina y teoría. Para la Doctrina Peronista los fines inmutables de la comunidad organizada son “la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación”  por lo cual, el segundo Plan quinquenal contiene una doctrina, una teoría y las formas de ejecución de las tareas que surgen de las mismas.

[1] Hegel, Guillermo Federico.: Principios de la Filosofía del Derecho, Sudamericana, Bs.As., 1975.
[2] Gramsci, Antonio: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Nueva Visión, Bs.As., 1984.
[3] Sánchez Vázquez: Filosofía de la praxis, Grijalbo, México, 1967.
[4] Marx, Carlos y Engels, Federico: La ideología alemana, Pueblos Unidos y Grijalbo, Barcelona, 1970.
[5] Ibidem.
[6] Gramsci, Antonio: Op.cit.
[7] Ibidem.
[8] Ibidem.
[9] Ibidem.
[10] Croce, Benedetto: Cultura e vita morale, Laterza, Bari, 1926.
[11] ibidem.
[12] Ibidem.
[13] Ibidem.
[14] Perón, Juan Domingo: Presentación del Segundo Plan Quinquenal.
[15] ibidem.
[16] ibidem.
[17] ibidem.

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ACTAS DEL CONGRESO DE 1949